Escribiendo este libro aprendí a despedirme. Aprendí a lidiar con la ausencia.
No pienses, lector, que es un libro de desamor, porque no lo es. Cada uno se aplica su lectura y los sentimientos que le provocan a su propio presente. Aquí escondí a mis seres queridos, a los amores de adolescencia, a la soledad. Que el lector decida a donde quiere viajar en cada verso, hágalo suyo. Deje que la poesía le envuelva y le meza suave hacia los sentimientos. Lo único que no debe olvidar es disfrutar del viaje, le lleve a donde le lleve.
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